
Los vivos preparamos sándwiches de pastrami para el desayuno. Ponemos altares a los muertos y nos contagiamos del espíritu festivo de las tradiciones. Los vivos nos emocionamos con cosas muy sencillas. Nos levantamos esperanzados y con buen humor sonreímos a la vida. Al sol le damos los buenos días. Asombrados contemplamos atardeceres y nos regocijamos con la belleza negra de la noche. Satisfechos con la jornada nos vamos a la cama a descansar y esperar despreocupados el mañana.
Los muertos nos alimentamos con cualquier cosa. Unas quesadillas de microondas y unas cuantas chelas nos sirven de sustento para ir sobremuriendo. Nos enferman los festejos populares y somos sabuesos para encontrar en cualquier cosa algo malo. La risa ajena nos hiere, la luz nos desgarra las entrañas.
Esto lo sé de cierto porque hoy estoy bien vivo y hace unos años estuve muerto.