Levante la mano quien quiere ser feliz (Red pill, blue pill)

“Levante la mano quien quiere ser feliz”, fue la voz de mando de la maestra en alguna clase que tomé en la universidad.

De inmediato se accionaran, como resortes, todos los bíceps… menos uno: el mío.

Cursaba los estudios superiores y no me interesaba en absoluto ser feliz. Pero tenía una razón de peso para ello: mi búsqueda era muchísimo más ambiciosa; yo iba en pos de la verdad.

Pensaba que, de no saberla, podría desperdiciar mi vida en esfuerzos que terminaran siendo vanos, y no quería sentir la enorme sensación de vacío que intuía que me causaría tal futilidad.

Además, en caso de lograr ser feliz en esas condiciones, mi supuesta felicidad muy probablemente sería falsa y, si bien no quería exponerme a sentir ningún vacío, mucho menos quería correr el riesgo de sufrir la desilusión de la alegría al final de mis días, suponiendo que en ese momento llegara alguna hora de la verdad.

Por ello, consideraba que era mejor saber de una buena vez cuál era la realidad de todo, por dura que esta fuera, para vivir basado en ello y no en erróneas ilusiones.

De esta forma, mantuve mi brazo abajo, ante mi asombro al ver el resto de los brazos levantados, instante que no se me olvida.

Me sentí bicho raro. Sin embargo, mi pasiva respuesta pasó inadvertida, incluso para la propia maestra. Pero qué bueno que fue así; si bien yo no comprendía la búsqueda de mis compañeros, muy posiblemente ellos tampoco hubieran entendido la mía.

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rodrigoderbez

Turista y explorador de lo externo y lo interno.

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