
Hace algún tiempo quise cultivar lavanda. Pensé que hacerlo no sería tan difícil.
No sabía que, al tratar de cultivarla, habría de cuidar también una cactácea.
Ciento veinticinco días en lo árido… me aguardaban muchos más.
Sabía cultivar en campo, mas no en desierto.
Sabía de tormentas, pero no de arena.
Sabía de lluvia y tempestad, pero nada de sequía.
Sabía de horas y semanas, no de inacabables días.
Sabía de ciclos de la luna, mas nada de los astros.
Sabía… según yo, sabía pero, en realidad, poco o nada yo sabía.
Aguardaba un poco ansioso la cosecha; esta no se dio.
¿Qué hago ahora con mi hoz y con mi arado?
Haré lo que se me ocurra.
Quizá me tumbe a la sombra de algún cactus a esperar la lluvia.
Quizá trate de aprender astrología.
O quizá, tan solo, toque música de arena.
Hola, tú escribiste lo de Música de Arena?
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Sí.
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