Volare

Foto de Merve Safa en Pexels: https://www.pexels.com

Me siento en el aire. Llevo ya un buen rato en él.

Al principio, cuando la vida me orilló a emprender el vuelo, el miedo me quiso hacer su presa y paralizar mi acción. Pero el momento me conminaba a extender mis torpes alas y comenzar a volar hacia lo desconocido.

Recuerdo perfectamente el panorama y la sensación que me causó: el vacío frente a mí y su enormidad vació a su vez mi tibio pecho, dejando un enorme hueco frío bajo mi esternón.

Pero nada: había que volar. El estancamiento era insoportable. Volar, morir o vivir una vez más el infierno del hastío, y la ansiedad y desesperación que trae consigo.

Me solté: el viento en contra de la adversidad fue mi amigo y me permitió sostenerme durante mis primeros aletazos. Y, de repente, sin siquiera percatarme ya estaba yo volando; sin plan de vuelo, el viento amigo me fue guiando… llevando.

La certeza es tierra firme que cobija y da seguridad. La incertidumbre es un inconmensurable cielo ciertamente aterrador.

Pero una vez que la vida te ha orillado a emprender el vuelo, so pena de hacerlo o vivir en el averno, pasan los días, las semanas, los meses e, impensadamente, sumas ya aéreos años.

Un buen día, asombrado, te das cuenta de que continúas volando: la incertidumbre no se ha ido, pero esta vez te sientes libre, cómodo y seguro. El pecho se ha llenado… el miedo se ha desvanecido.

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rodrigoderbez

Turista y explorador de lo externo y lo interno.

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