De muertito

Foto de Jeff Vinluan en https://www.pexels.com

Y aquí me tienen: escuchando música que no quisiera porque la señora del aseo vio mi Alexa y me dijo que es su compañera cuando va a casa de mi amiga Brenda.

La mañana, la señora del aseo y la música que puso me han traído como regalo el recuerdo de mis días felices en la infancia.

En aquellos días, también soleados, en algunas ocasiones me quedaba al cuidado de las mujeres que trabajaban en la casa.

Cuando estábamos en su cuarto, ponían música ranchera en un radio redondo, color crema, colgado en una de las paredes y del cual pendía una cadenita que servía para prenderlo y apagarlo al jalar de ella.

Al escribir estas líneas y preguntarme a mí mismo cómo sería el sintonizador, me baña levemente el recuerdo de un dial café al centro. La semejanza de la radio con el sol sintonizaba a su vez con el sol del cual colgaba el patio de servicio de aquella casa.

También recuerdo otros dos circulitos cafés que giraban a los lados; uno quizá era el volumen y el otro producto de mi actual imaginación.

Ahora suena una canción que sí me gusta mucho: Sombras, de Javier Solis. Según yo, la descubrí en mis años de juventud, pero muy probablemente la escuché primero en aquella radio.

Sombras… justo cuando hablaba del sol. Qué curioso: De sol y de sombras lleva por título el primer libro que escribí (y, hasta ahora y de seguir así, el único).

Y así son los momentos: cuando me dejo llevar por la vida tal cual, flotando como muertito, como me sugirió algún día un buen amigo, me siento vivo, vivo. A pesar de las ocasionales y pasajeras sombras.

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rodrigoderbez

Turista y explorador de lo externo y lo interno.

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